27 julio 2010

Objetos Misteriosos

Me gusta su agresividad, así como su dulzura, su pelo enmarañado en el viento, y esos ojos radiantes de vida, el pasar de las emociones en su cuerpo, y la fina escultura de su boca, esas manos calidas y libres.
 
Tal cual una hoja cae de su árbol en otoño, libre, y a la vez aprisionada, así como la recurrente trayectoria de las olas en una playa vacía. Su mirada. Inigualable y tan original.

Esas líneas que conforman un paisaje sin fin, interpretan una danza misteriosa, y melancólica por encima de su vientre, un misterio que suple los contornos del abismo y alegran esas cordilleras bañadas por el esplendor de los recuerdos.
Y como olvidar aquellos faros intensos que iluminan el caminar de quien los anhele, rebuscados y estructurados para atar en si a quien los encuentre, un torrente de colores que se mezclan con los emblemas del alma. Recuentos invadidos por nobleza innata, nobleza sincera y pura.

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